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  • Crónica L.E.V. Festival 2011

    Gijón, 29 y 30 de Abril de 2011.

    El Laboratorio de Electrónica Visual (L.E.V.) de Gijón acaba de confirmarse en su quinta edición como uno de los festivales más sólidos en la oferta electrónica de nuestro país. En él confluyen unas líneas bien delimitadas que lo convierten en una propuesta cargada de atractivo. Su cuidadísima programación denota talento y olfato a la hora de cuadrar el cartel, tanto en música como en visuales, y un apoyo institucional admirable por parte del Principado de Asturias que permite la realización de proyectos como este en geografías alejadas de los centros habituales del circuito internacional.

    La implicación de La Laboral y el Ayuntamiento de Gijón aportan unas localizaciones excepcionales para los conciertos. El reducido formato del festival contribuye a un clima íntimo, a una escala humana en la relación entre el público y los artistas y a un impacto siempre positivo en la ciudad. El L.E.V. se muestra riguroso con propuestas de riesgo y calidad frente a reclamos más populares que podrían desvirtuarlo. Es por ello un polo magnético para los amantes de este tipo de música y, año tras año, su alcance amplía radio de acción.

    Es un festival lleno de encanto. Hemos visto conciertos en condiciones privilegiadas que se alejan de las pautas de masificación que acusan otros eventos. Nos encantaría que la organización tenga en mente esto de cara al futuro y siga trabajando en hacer que el L.E.V continúe siendo la experiencia inolvidable que es ahora.

    Viernes, 29 de Abril.
    El Centro de Arte de La Laboral abrió su magnífica área chill-out a ScannerFM. La radio barcelonesa trasladó su estudio hasta allí para retransmitir en directo la sugerente sesión de Adapt (Christian Del Moral), uno de los artistas seleccionados en la iniciativa de colaboración ScannerFM y el L.E.V. en la promoción de nuevos talentos. Entre el público, el entusiasta Rec_Overflow casi consigue robarle protagonismo.
     
    En la Sala de Pinturas del Teatro de La Laboral pudimos disfrutar de la instalación The Particle, la espectacular escultura cinética de LEDs rotatorios en esferas concéntricas que constituyen un órgano visual sensible a la música.

    El concierto de Johann Johannsson en el Teatro de La Laboral fue un recorrido desde el tedio y el desasosiego a la apoteosis. Sus acordes nos sumieron en un estado de hibernación para acabar espabilándonos con la deslumbrante Sun’s Gone Dim. Al piano de cola y con sus Macs a mano, daba pautas al cuarteto de cuerda casi telepáticamente. Pese al marcado carácter cinematográfico de su música, las proyecciones en blanco y negro de contraste quemado parecían innecesarias.
     
    El giro más abrupto posible llegó a la pantalla de la mano de Herman Kolgen. El artista canadiense es maestro en la inducción de emociones perturbadoras a través de imágenes. Dust es un devastador film experimental basado en macros HD y fotografía microscópica, con una postproducción endiabladamente compleja que transforma lo figurativo en bellísima materia abstracta. Los visuales de partículas en suspensión, sincronizados a un audio crujiente y ensordecedor, hipnotizan irremediablemente durante todo el metraje.
     
    La programación nocturna se localizó en la Nave-LABCafé, ese extraño espacio con una inmensa columna frente al escenario. La pareja Canty & Whitaker, Demdike Stare, intentando inquietar, aburrieron un poco. Samples incunables de grabaciones nunca catalogadas, aderezando atmósferas decididamente lúgubres y angustiosas. Directo espectral revestido con visuales vintage de ritos paganos indescifrables.

    Esperábamos ser atrapados por Pantha du Prince, pero no ocurrió tal cosa. Weber estaba animado y transmitió ese entusiasmo al público, que deseaba firmemente bailar. Esa percepción de receptividad adaptaba Black Noise a las circunstancias, adoptando formas nuevas, a veces irreconocibles, y no siempre mejoradas respecto al disco.

    Aaron Jerome, SBTRKT, apareció en escena acompañado por el vocalista Sampha. Ambos con máscaras africanas a modo de visera. Tan pronto se encaramaba en la mesa como tocaba la batería. Un directo desenfadado, lleno de improvisación premeditada, de música rotunda sin prejuicios. Fue la sorpresa de la jornada.   

    Hasta que llegó Apparat y se coronó rey de la noche. Aquí no hubo sorpresa por parte del a priori caballo ganador. Hizo lo que quiso con el personal y comimos de su mano. Techno galvanizado, a veces cristalino y otras inteligentemente turbio. Estructuralmente magistral, sin un instante flojo. Los visuales, geométricos en primarios, de simplicidad infalible. Con un beat de Moderat redondeó el trabajo y nos dimos por satisfechos sin esperar a Architectural (cosa de la que nos lamentamos un poco). 

    Sábado, 30 de Abril.
    El pabellón junto al lago, en el Jardín Botánico, es una localización nueva para el L.E.V. Este emplazamiento extraordinario supone en sí mismo una experiencia única: el diálogo distendido entre los sonidos sintéticos y el espacio forestal. El set de Juanjo Palacios parecía expresamente diseñado para un lugar así, envolviendo atmosféricamente grabaciones de fluídos y materia ruidista. La tenue lluvia no era problema, pero comprobamos un poco apenados que el emplazamiento se hacía incómodo con apenas 50 personas. Nos perdimos Downliners Sekt y, lo que es más grave, Ametsub.

    Por la tarde volvimos al área Chill-out del Centro de Arte. En ScannerFM entrevistaron a la artista visual Alba G. Corral, que comentó con humildad cómo se había preparado para acompañar los directos de Jon Hopkins y Lorn, pese a ser otras sus referencias musicales, y pudimos escuchar la propuesta del burgalés Miguel Velasco, Homeless Inc., cuyo trabajo fue seleccionado junto a Adapt en la convocatoria de ScannerFM y L.E.V. en atención a creadores noveles.

    Luego, en el Teatro de La Laboral, Darkstar fueron la sorpresa del día. Arropados bajo las fantásticas condiciones acústicas de la sala, para mayor disfrute del público. Una puesta en escena sobrecogedoramente comedida, con poses hieráticas y mínimo movimiento, e imperceptibles cambios de luces en el dimmer, que reforzó la carga emotiva del concierto. Sonaron mucho menos pop que en disco. Más oscuros y dramáticos. Las melodías frágiles y atmosféricas de Whalley y Young llegaron a sonar épicas y desgarradoras con la voz de James Buttery. Nos dejaron helados y boquiabiertos.
     
    Transforma & Yro
    nos ofrecieron un espectáculo performance. Desarrollaron en vivo las visuales en pantalla gracias a cámaras que manipulaban en escena sobre líquidos y objetos. En esta ocasión la música era actriz secundaria. Una interesante revisión contemporánea del tradicional teatro de sombras chinescas, que tuvo su pequeño susto por un apagón técnico. Nunca un globo, condenado a explotar desde el primer momento, creó tal suspense.
     
    Herman Kolgen
    , repitió en la programación con Inject. Un film inquietante con la mecánica de fluídos como protagonista y toda la virtuosa iconografía visual del artista en alta definición. Como inquietante fue conocer la mala baba del artista porque a pesar de la increible belleza plástica de las imágenes, su visionado fue mucho más duro, áspero e incómodo que la proyección del día anterior, como así lo demostraron algunas personas abandonando la sala.
     
    De vuelta a la Nave-LABCafé, nos dieron la bienvenida con el obsequio de unas gafas 3D de cartón. Ignorábamos entonces que era parte imprescindible del trabajo del colectivo Thr3Hold, cuyos visuales acompañaron el directo de Ital Tek. Tal éxito tuvieron estas gafas que para muchos fue leitmotiv el resto de la noche. Alan Myson, el chaval inglés del escenario, casi pasa desapercibido.

    No esperes la calidez sensual de Waiting For You en el directo de King Midas Sound. Kevin Martin, (alma mater de la banda) por mucho que se disfrace de cordero, sigue siendo Techno Animal y ha venido a hacer un stress test a nuestros tímpanos. Ya lo demostraron en el Sónar del año pasado. Valvulazos ensordecedores y graves que reverberan en el pecho. Suenan tan diferentes al disco que parecen otros, o peor aun, que les boicotea su propio técnico de sonido; pero no, son así. Ese tipo de artistas que se reinterpretan y reinventan en el escenario siempre tendrán un valor añadido. Su puesta en escena es niebla, penumbra y contraluz. Más que verles, se les respira. Un espectáculo crepitante, desorbitado y espectral que no debes repetir muchas veces, por prescripción médica.
     
    Mark Pritchard, Harmonic 313, es perro viejo, de largo recorrido, y vino a demostrarlo. Como un comercial de visita, mostró todos los artículos de su catálogo, tocó todos los palos, repartiendo cartas en todas direcciones. En un vivo tan heterogéneo que nos desorientamos un poco.
     
    Por suerte para todos nosotros Jon Hopkins no está tan resabiado y, a su juventud, el talento le rebosa en ondas radiactivas. Fue el mejor directo del L.E.V. Alba G. Corral estuvo a los visuales (luego repetiría con Lorn) y contribuyó enormemente a hacer esa sesión mágica. Jon se muestra hiperactivo. Su concentración y entrega no son pose. Se desenvuelve sobre el interface como un deportista que no da abasto con todo cuanto desea hacer. Pianista y compositor, su obra es estructuralmente cinematográfica, y sin embargo, en directo es un tornado bailable. Es desconcertante su brillantísima manera en sonar reconocible sobre todas sus influencias, readmitidas en su personalidad sin emulaciones ni mimetismos. Hace bien todo cuanto hacen bien los mejores, sean del color que sean, y todo esto sin dejar de ser siempre él. 

    Este es el mejor ejemplo de una particularidad del L.E.V.: anticiparse en ofrecernos bajo su techo lo que pronto estará en boca de todos.

    No entendimos a dónde quería dirigirnos Lorn trazando quiebros en el aire y, cuando hizo un alto para darse un homenaje autocomplaciente, dejó de importarnos.
     
    El colofón final lo puso Photek de una manera penosa. Nos tomó el pelo. Tenía todo a su favor para dejar buen sabor de boca y sólo pudo transmitir lástima. Echar el cierre a un festival es una oportunidad envidiable para todo artista y el L.E.V. se lo había puesto en bandeja. Muy posiblemente pensase que a esas horas de la madrugada el umbral de exigencia del público estaría por los suelos, que nadie repararía en su trabajo y que se marcharía de Gijón tan feliz, con su cheque en el puño.

    Ahora ya sabemos que su vuelta al circuito clubber es alimenticia. Sólo necesitaba hacer lo que hacía hace diez años. Bastaba hacer memoria para contentarnos, pero quizás esto ya no esté a su alcance. Si Avalanche ronda sobre un solo tema válido, Photek se agarra a Slowburn en directo como chaleco salvavidas. Esas poses trasnochadas de maestro de ceremonia electrónico no bastan. Arengar a la masa con los brazos en alto, esgrimir una linterna como barita mágica deseando apoderarse del público tampoco basta. Basta. El L.E.V. no merece esto.
     
    Gracias a otros nombres comprobamos que la música electrónica experimental puede ser lúdica y bailable, que goza de buena salud, con nuevos nombres que la revitalizan, que es un privilegio poder disfrutarla en tan buenas condiciones y que debemos estar agradecidos a gente que invierte su esfuerzo y su dinero en organizar eventos tan singulares como este.

    Delicatessen.

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